El Espantapájaros

*Por PoEta AlCohÓlIcO

Me reí del espantapájaros más loco que haya visto en mi vida. Su cabeza estaba llena de ideas pero nadie sabía de qué se trataban. Yo, como todos los demás, me reí del espantapájaros porque, la verdad, lo mirábamos en menos. Si supiera la gente cuántas ideas descabelladas tenía en su cabeza. Yo, como todos los demás, seguí mi camino y no di más miradas al loco espantapájaros. Eso fue la semana pasada.

 Ayer, como todos los días, pasé al lado del espantapájaros. Él me miró, yo lo miré, la gente lo miró. Yo, como todos los demás, lo observé por cinco minutos, al cabo de los cuales comenzó a sonar mi celular. Contesté y el espantapájaros no dejó de mirarme. Yo, como todos los demás, quise seguir mi camino pero algo raro me detuvo. Ahora sólo quedaba él y yo. Nuestras miradas se cruzaron y nada alrededor se movía. Yo, quería seguir como todos los demás, pero algo me lo impedía. El espantapájaros, que no era como los demás, no dejaba de mirarme. De pronto, una mirada extraña salió de sus ojos y penetró en los míos. Yo, que era como los demás, estaba percibiendo algo que me volvía loco. Mil ideas volaban por mi cabeza, sabía que no era como los demás. El espantapájaros caminó hasta llegar a mí y me acarició la cara, mientras que yo caía al suelo en una especie de asfixia. Tuve las ideas más locas durante treinta segundos, los cuales fueron eternos. El espantapájaros me acariciaba y se compadecía de mi dolor. Yo, trataba de ser como los demás, él, sólo tenía ideas locas. Mi asfixia crecía y él me acariciaba la cabeza con una ternura que extrañamente me calmaba. El señor espantapájaros, de repente abrió su cabeza y presentó a mis ojos sus más locas ideas, de las cuales cincuenta no eran tan locas y cincuenta no eran malas. Yo, ya no era como los demás. Él, era el señor espantapájaros más inteligente que haya conocido. Yo, no era como los demás. Él, era el señor espantapájaros más humano que haya visto. Yo, supe que era un espantapájaros. Él, se rió de mí. Yo, comencé a llorar. Él, a reír. Yo, toqué sus manos por primera vez. Él, rió otra vez. Yo, nunca más seré el mismo. Él, seguirá siendo el señor espantapájaros. Yo, comprendí que no era loco. Él, sabía que yo era igual a los demás. Al final, los dos sabíamos lo que era verdad.

 Hace un rato, desperté bañado en sudor, con un dolor en mi cabeza, una mujer a mi lado y la imagen de mi querido espantapájaros pegada en la pared. Me sigue diciendo que la vida es así.

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