Comprando una vida (La vida se trata de tener ‘Likes’ II)

* Por Crazy Beer

* Si quiere leer la primera parte haga click aquí

Luego de mi experiencia sobrenatural con el maestro de los “Likes”, donde llegué a varias conclusiones, tanto así que estoy seguro abrí mi tercer ojo – de todas formas le eché spray negro luego de ver televisión -, salí a consultar en varios lugares dónde podía comprar una vida, tal como el ascendido facebookeano me lo dijo. “Creo que existe un sitio en internet donde venden ese tipo de cosas”, dijo un conocido al presentarle mi interrogante.  Encontré la página y cancelé vía Paypal el servicio único y exclusivo que realizaban: enviaban vidas a domicilio.

Esperé aproximadamente dos semanas antes de recibir mi nueva vida en mi hogar, la que venía directamente de Estados Unidos. Cabe destacar que hubo un pequeño retraso, ya que no se presentaron correctamente los documentos en Aduanas, lugar donde cuestionaron si era una vida nueva o usada: de todas formas me cobraron impuestos exagerados por mi producto.

Cuando tuve el paquete en mis manos no quise abrirlo de inmediato, una extraña sensación recorría mi cuerpo, estaba ansioso y temeroso de lo que podría suceder con esta nueva vida. La antigua irremediablemente sería desechada, tirada a la basura, cambiaría de piel como un reptil, mudaría completamente mi mundo hacia uno mejor. Debería seguir las instrucciones al pie de la letra, ya que el cambio requería de múltiples situaciones que debían acontecer, cambios estructurales que debían ser tomados seriamente, algo que para mí era muy difícil.

Pasaron un par de semanas antes de ver el contenido de la caja. Realmente era extraño todo esto. No le había contado a nadie sobre mi adquisición, ni siquiera quise contactar al maestro de los “Likes”. Debía respirar profundo y decidirme de una vez por todas a abrir el paquete.

Un día, luego de tomar una siesta y soñar con que volaba raudamente por las redes sociales como un pájaro totalmente aceptado, me paré frente a la caja, tomé un cuchillo y destruí el embalaje por completo. Dentro una caja más pequeña contenía mi nueva vida, cartón que también fue destruido rápidamente. No lo podía creer, en serio que no lo podía creer, mi nueva existencia iluminaba toda mi habitación. Las lágrimas casi brotaban de mis ojos, era felicidad pura. Velozmente, sin pensarlo, tomé mi cámara digital e inmortalicé el momento. Luego, una lluvia de flashes cubrió mi nueva adquisición. En todas las fotos aparecía yo y mi vida, unidos como un todo, tras lo cual ingresé al mundo de Facebook y compartí mi ego a todos quienes me tuviesen agregado. Bastaron sólo un par de minutos para obtener más “Likes” de los que había obtenido en toda mi vida facebookeana.

Hoy por hoy no se imaginan lo feliz y exitoso que soy en la red social. Descubrí que puedo robar frases inteligentes, compartir fotos no reales para que crean que es real, generar “Likes” con mi nueva vida y aparecer etiquetado en todo lo que quiera. Volví a ser amigo de quien me dijo que Facebook no importaba y, creo, envidia secretamente mis “Me Gusta”, lo que me hace aún más feliz.

De todas formas, cuando a veces miro mi muro, me pregunto si la gente sabrá que en realidad en la caja no había nada y que, una vez más, fui engañado por ese poder de querer ser alguien. La verdad no importa, ahora soy tan especial que incluso he pensado en volverme un twittero influyente. ¡Mierda!, en Twitter sí que deben ser felices.

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