A propósito de mi dualidad

*Por Nadie

Siempre he mirado de mala forma el egocentrismo, esas actitudes que hacen que los demás no puedan darse siquiera un momento para mirar para el lado y darse cuenta que con sus acciones, con sus actos para llegar a sus fines, hacen daño. Sin embargo, no puedo mentir, no puedo decir que no soy egocéntrico, no puedo decir que no me gusta ser, aunque mínimamente y por algunos segundos, el centro de atención en algún lugar, o que nunca he hecho mal a nadie con mis acciones particulares. Obviamente en mí, como también en todos nosotros, existe una dualidad que algunas veces no quiero admitir.

Muchas veces somos de una forma y también de otra, no somos conscientes al cien por ciento de la división que existe en nuestro interior, caminamos y andamos por nuestros diferentes caminos siendo lo que somos sin admitir lo que “no somos”. Si estamos parados al sol, por ejemplo, podemos ver que generamos sombra, la que, sin despegarse de nosotros, sigue nuestros pasos y movimientos tal cual los hacemos realmente. Tomando en cuenta esto, podemos saber que es una extensión de nosotros mismos, de nuestro interior, sin embargo es de otro color, diferente en vista, pero igual en acción.

No es fácil llegar a un punto de conocimiento donde nos veamos a un espejo y reconozcamos cada pequeño detalle de nuestro otro yo, sin embargo, es sumamente importante para ser más completos como personas.

Existe gente que tiene el privilegio de conocer de forma consciente y sin mucho esfuerzo las sombras que los siguen, alcanzando un balance personal mayor, no un desequilibrio constante como tenemos muchos de nosotros que rayamos la locura insana de mentirse a sí mismos, creando batallas internas, no alcanzando acuerdos reales y totalmente complementarios y sanos que nos puedan ayudar a crecer.

Esa eterna batalla es una dicotomía tan antigua como el hombre, presente en todo lo que podemos ver y sentir. Quizás no lo sabemos o no lo vemos, pero la naturaleza también vive en ese estado, con la diferencia que mantiene un equilibrio constante de fuerzas que se repelen pero ayudan al mismo tiempo como un sistema completo. ¿No somos eso también nosotros? Individualmente luchamos contra demonios y ángeles, muchas veces sin dejar que se complementen.

Los extremos no son buenos, necesitamos de un lado y del otro para poder avanzar, somos seres sumamente completos y ni siquiera nos damos cuenta de ello. Lo digo por experiencia, somos inmensamente ignorantes frente a lo que podemos llegar a ser.

Perrillo

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2 pensamientos en “A propósito de mi dualidad

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