La evolución del 7mo Vicio y su aporte más allá del cine

*Por Nauj

Alan Watts consideraba que el trabajo debía ser visto como un juego, centrándose en el presente y llevándolo a cabo de tal forma que todo pareciese entretención, tal como la vida lo es. Yo no sé a ciencia cierta si en realidad es así o no como ve el equipo del 7mo Vicio,  programa de cine y mucho más del canal de cable Vía X, a lo que hacen, pero el reflejo que llega a sus seguidores y a otros tantos que lo ven a veces, se parece mucho a lo que dice Watts. Las cosas cuando se hacen de corazón, cuando se hace lo que en realidad gusta y no existe una preocupación más allá de entregar lo mejor, se convierten en naturales y, al ser algo natural, fluye solo, sin presiones ni condicionamentos externos. Es así como el programa ha evolucionado, según lo que creo, con todo su equipo y, especialmente, con la cara visible de todo: el Pelao Frías.

Hace mucho tiempo ya que comencé a ver al 7mo Vicio y a deleitarme con una visión de cine diferente mezclada con matices musicales que se acercaban a mis gustos, además de opiniones que se unían a ciertas miradas que le daba al mundo. Sin embargo, al pasar el tiempo no sólo se notaba que el programa iba cambiando de aspecto físico, si no que se conjugó el cine, en realidad las artes en general, con la vida, con aspectos más, digásmolo así, profundos. Las palabras del Pelao Frías unidas a imágenes o cortos que llegaban a la médula son el mejor ejemplo de ello.

El día que todo me quedó claro, donde me dije a mí mismo “el 7mo Vicio sigue en la misma línea, no se ha convertido en una mierda televisiva, continúa siendo ese oasis entre tanto no-aporte, pero no es el mismo, ha evolucionado y crecido en su contenido de forma natural”, fue cuando mi madre me comentó que si había visto ese programa del cable, el de un joven peladito que mostraba cortometrajes, que a ella le encantaban, que algunos eran súper bonitos y que dejaban pensando. Me di cuenta en ese instante que el programa transcendía, era tranversal para todos y que se estaba convirtiendo en algo, quizás exagero, casi espiritual.

No se trata de hacer queques, cargarles la Bip! o de idolatrar a nadie, pero las cosas hechas de este modo son las que trascienden en el tiempo, sólo basta con ver hasta el punto donde el mismo Frías ha llegado: publicó su propio libro.

Esperemos que el 7mo Vicio siga en la misma senda y que sirva de ejemplo para quien quiera hacer algo natural y fluido, sin pretender más que jugar en la vida. Así nos gustan las cosas en Situación Grave.

¡Qué tengan un buen día!

Patton y la esencia que no tiene un por qué

*Por Nauj

Camino a mi hogar, algo cansado y con sueño, visualizando de modo simpático mi cama, mi lecho, imaginando dormir un poco antes de iniciar nuevamente el día para darle cuerda a la máquina, me vi envuelto en un taco de proporciones gigantescas. Sin poder hacer nada, sin poder pensar siquiera, tuve que encender mi dispositivo para oír música. Le di play y el shuffle comenzó a mostrar su mejor lado, ya que sin quererlo, sin haberlo pedido de forma premeditada, sonó una lenta canción en italiano: era la inigualable voz de Mike Patton.

La verdad los fanatismos para mí se deben evitar, pueden nublarnos la cabeza y enceguecer nuestros oídos seudo-musicales a tal punto que, sin miramientos de ningún tipo, nos embrutecemos por ciertos grupos que no dejaremos de escuchar y que defenderemos a muerte frente a cualquier amenaza “diferente” que intente atacar y destruir la relación-conexión creada fanáticamente. Sin embargo, es inevitable no volverse estúpido con las cosas que te gustan y, para muchos, este tipejo de apellido Patton tiene bastante de eso.

Aún no deja de sorprenderme el documental Mondo Cane / Mike Patton realizado por el 7mo Vicio, programa de cine (y otras hierbas) del canal Vía X. Es simple, de corta duración, sólo tomando impresiones de muy variadas personas frente a música creada por este señor. Lo que genera en sus fans es increíble, todo se lo creen, todo les gusta, todo lo aman. Quizás se nublan entre tanto sonido y ruido, entre tanto instrumento y vocalización perfecta, o tal vez entienden el mensaje. Sin embargo, las personas que no son parte de ese mundo, que sólo son pasajeros entre canciones y estilos de Patton, pueden encontrar y llegar más lejos en la esencia, ya que no están “sucios”, sus oídos son vírgenes frente a los golpes o bellas notas creadas. Pueden ver, sentir y admirar, según sus propios gustos y preferencias, la energía vomitiva o hermosa de los límites musicales (si es que tiene) con los cuales juega este personaje.

Este multivocalista, imagino, debe levantarse en la mañana, pensar un momento, sonreír un rato y crear. Nada más, no necesita más. Lo imagino no pensando en nada más que en el proyecto que se le cruza por la cabeza, ya sea extremo ruidoso o extremo suave y armónico, en nada más, relajado, mirando un horizonte inexistente en su habitación, queriendo ir más allá.

¿No será todo este menjunje una muestra de lo que realmente importa? ¿No es esa la verdadera esencia a la cual se debe llegar en lo musical o en cualquier cosa que hagamos? Debemos hacer lo que nos gusta, lo que mejor sabemos hacer, imprimir lo mejor de nosotros en los demás, quizás con alguna razón de fondo, quizás con nada, sólo ser y hacer.

No sabemos realmente qué hace o qué lleva a Mike Patton a alcanzar estos niveles, quizás ni él lo sepa, sólo lo hace porque sí. Creo sinceramente que si le diera un por qué o se lo buscase perdería lo que es, mejor que calle y siga con lo que mejor sabe hacer: empujar el sonido a extremos ruidosos o completamente armónicos.

No me malinterpreten, no soy un fanático empedernido, pero por acá en Situación Grave nos gustan las cosas simples y complejas, quizás un poco incomprensibles para quien no quiera ver algo de hermosa realidad.