Cuento corto

Por Nadie

“Había una vez un hombre que, para desestresarse de la rutina diaria, decidió conducir lo más lejos posible en su automóvil. En el camino pensó muchas cosas, analizó las situaciones y llegó a la conclusión de que debía volver”.

– ¿Es una broma verdad? Te pedimos que escribieras un cuento corto ¿Y es esto lo que entregas? En serio, vuelve en un par de horas a mi oficina con algo mejor. De no ser así te sacaremos de la edición.

“Había una vez un hombre que, para desestresarse de la rutina diaria, decidió conducir lo más lejos posible en su automóvil. Se metió en caminos interminables y desconocidos sólo para detenerse y pensar un rato en todo lo que había hecho. Al rato vomitó un poco, encendió el auto y volvió a su hogar tranquilamente”.

– ¡Pero qué mierda! No entiendo a lo que vas con esto ¿Quieres que te saquemos de la edición?

– No.

– Entonces te doy otra oportunidad.

“Había una vez un hombre que, para desestresarse de la rutina diaria, decidió conducir lo más lejos posible en su automóvil. Se metió en caminos interminables y desconocidos sólo para detenerse y pensar un rato en todo lo que había sucedido en su cabeza. Se sentía extraño tratando de manejar su situación particular. Necesitaba pensar y analizar cómo diablos lidiar con lo que él llamaba ‘sus demonios’, sin embargo los golpes en el maletero del auto no dejaban que las ideas se movieran por su cabeza, tanto así que decidió eliminar lo que había ahí dentro. Abrió el maletero y sacó un tren de juguete a pilas que encendió al principio del viaje. Lo tiró al suelo, lo hizo pedazos, le gritó, lo escupió y luego comenzó a vomitar. Al rato ya estaba tranquilo y listo para volver a su hogar”.

– No entiendo nada de nada. Definitivamente estás fuera de la edición.

– Bueno, no importa. De todas formas y sólo para que sepas, el final del cuento se puede modificar, siempre se puede hacer algo.

– Está bien. Esta es tu última oportunidad.

“Había una vez un hombre que, para desestresarse de la rutina diaria, decidió conducir lo más lejos posible en su automóvil. Se metió en caminos interminables y desconocidos sólo para detenerse y pensar un rato en todo lo que había sucedido en su cabeza. Se sentía extraño tratando de manejar su situación particular. Necesitaba pensar y analizar cómo diablos lidiar con lo que él llamaba ‘sus demonios’, sin embargo los golpes en el maletero del auto no dejaban que las ideas se movieran por su cabeza, tanto así que decidió eliminar lo que había ahí dentro. Abrió el maletero y sacó a un hombre con manos y pies amarrados. Lo miró y uno de sus demonios disfrutó como loco el miedo en esos ojos, mientras que otro sacaba un cuchillo lentamente para proceder con el sacrificio. Un tercer demonio se reía y otro bailaba. El quinto sacó un bidón con bencina y el sexto ya tenía fósforos en sus manos. Un séptimo, al que no llamaba demonio, se acurrucaba en el suelo y trataba de pensar en cómo detenerlos, sin embargo ya era tarde. El hombre apuñaló al otro, lo dejó medio vivo, lo roció con bencina y le prendió fuego mientras reía dando saltos eufóricos. Al rato vomitó, quedando tranquilo para volver a su hogar. Al subir al vehículo y mirando a su víctima dijo:

– Te di una última oportunidad, debiste sacarme de la edición”.